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No existe un “consumo seguro” de alcohol en relación al riesgo de cáncer

Cualquier consumo de alcohol, ya sea escaso, moderado, o alto, se asocia a un aumento del riesgo de ciertos tipos de cáncer, y por tanto no existe un “consumo seguro” de alcohol que evite el riesgo de cáncer. Tales son las conclusiones de un informe de la sociedad estadounidense de oncología clínica, ASCO (American Society of Clinical Oncology).

Cuando mayor el consumo, mayor el riesgo
La National Cancer Opinion Survey, una encuesta realizada a más de 4000 adultos estadounidenses realizada en julio de 2017, analiza las opiniones de la población estadounidense con respecto al cáncer. Sus conclusiones más relevantes fueron presentadas por la ASCO el pasado mes de octubre.

El consumo de alcohol está asociado al 5,5% de casos de cáncer en todo el mundo, en especial a cáncer de pecho, colorrectal, esófago, cabeza y cuello. Según los datos de la National Cancer Opinion Survey, el riesgo de cáncer de mama en bebedores ocasionales (bajo consumo) era de 1,04 en comparación con los abstemios totales, de 1,26 para carcinoma de esófago, y de 1,13 en cáncer de faringe. Esta asociación aumenta según aumenta el consumo: la diferencia de mortalidad entre pacientes oncológicos de consumo moderado y pacientes de elevado consumo es de 1,79 contra 3,65, respectivamente. El consumo excesivo de alcohol no sólo causa cáncer: también puede retrasar o tener un impacto negativo sobre el tratamiento oncológicos.

Estos datos, comenta el informe de la ASCO, son preocupantes, pues aproximadamente un 70% de la población estadounidense no asocia beber cerveza, vino o licores de alta graduación con un mayor riesgo de desarrollar un cáncer. No obstante, la relación entre consumo de alcohol y cáncer ha sido confirmada por numerosos estudios. Tan sólo un 38% de los estadounidenses limitan su consumo de alcohol para prevenir el cáncer.

Estos datos ha llevado a la ASCO a solicitar políticas públicas dirigidas a controlar el consumo, venta y distribución de alcohol: el informe propone medidas similares a las que ya se han implementado en el consumo de tabaco, tales como reducir el número de establecimientos en los que se vende alcohol, incrementar los impuestos y limitar horarios de venta, así como restringir su publicidad e incluir estrategias de control de consumo en los programas de prevención del cáncer.
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